Glaucoma, la ceguera que no vemos venir | Visión Salud
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Glaucoma, la ceguera que no vemos venir

Cuando pensamos en enfermedades de los ojos y oftalmólogos lo primero que nos viene a la mente es la miopía, los lentes correctivos y los colirios; si bien esto representa un importante porcentaje de los problemas de salud ocular que maneja el médico oftalmólogo la realidad es que existen múltiples enfermedades de los ojos que van mucho más allá poniendo en peligro el potencial visual del paciente y, en algunos casos, incluso su vida.

De estas enfermedades el Glaucoma es una de las más frecuentes y en muchos casos menos diagnosticadas, bien porque el paciente no acude a la consulta o sólo asiste a las pesquisas de miopía y problemas refractivos sin ser evaluado en profundidad.

El problema principal con el Glaucoma es que no da síntoma alguno; los pacientes pueden pasar años con la enfermedad sin tener ningún tipo de molestia; el ojo no duele (salvo casos muy particulares), no se pone rojo ni da ningún signo de tener problemas pero aún así el paciente va perdiendo la visión de manera tan lenta y progresiva que no llega a percibirlo.El FDT permite detectar cambios en el campo visual sugestivos de glaucoma

Ante una amenaza tan grande resulta imposible no alarmarse; ¿qué hacer?, ¿cómo detectarlo?, ¿se puede evitar la ceguera por glaucoma?

Por fortuna la ciencia médica ha estudiado exhaustivamente esta enfermedad logrando desarrollar técnicas de diagnóstico precoz y tratamientos altamente efectivos que logran prevenir la ceguera por glaucoma en más del 95% de los casos sin embargo el principal factor de riesgo es que el paciente no acuda a la consulta especializada quedándose al margen de las bondades que la oftalmología moderna le ofrece para cuidar su visión, de allí que el primer paso en la prevención de ceguera producida por glaucoma sea la divulgación de la información y la concientización de la población con el objetivo de hacer que cada día más personas acudan a la consulta preventiva y puedan ser diagnosticados a tiempo.

Una vez que el paciente tiene el conocimiento y asiste a la consulta con el oftalmólogo (que es el único especialista con las herramientas necesarias para realizar el diagnóstico de glaucoma) comienza la labor de pesquisa de glaucoma. Lo primero que se hace es un interrogatorio detallado para determinar factores de riesgo y carga genética, luego un examen físico profundo donde se incluye tonometría ocular (medir la presión dentro del ojo) y el fondo de ojo con la pupila dilatada; con estos datos el médico ya puede saber con bastante precisión que pacientes tienen (o están en riesgo de padecer) glaucoma, por lo que procede a pruebas confirmatorias que dirán no sólo si la enfermedad realmente está presente en ese paciente sino también su severidad y el grado de compromiso de la visión.

De las múltiples pruebas y estudios disponibles los más frecuentes son:

Curva de Tensión Intraocular (Curva PIO) que mide las presiones máximas dentro del ojo a lo largo de 12 o 24 horas

Test de sobrecarga hídrica con el que se mide la presión pico y fluctuación de la presión dentro del globo ocular luego de la ingesta de 1 litro de agua

FDT para medir alteraciones muy sutiles del campo visual que pueden pasar desapercibidas en el campo visual estándar

Fotografía Estéreo del Nervio Optico para determinar con exactitud la extensión y severidad del daño al nervio óptico.

Con estos elementos diagnósticos el oftalmólogo está en capacidad de identificar a los pacientes con glaucoma lo más temprano posible y así iniciar tratamiento evitando la complicación más frecuente y más temida del glaucoma: La ceguera.

Todo paciente adulto debe acudir al menos una vez al año a la consulta preventiva de oftalmología, así se podrán detectar a tiempo tanto el glaucoma como otras enfermedades oculares que año tras años dejan cientos de miles de personas ciegas. No sea usted parte de esta estadística.